Enseñanzas Náuticas

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Blas de Lezo, el almirante «Patapalo»

Posted by jonkepa en noviembre 11, 2009

BLAS DE LEZO, UN HÉROE OLVIDADO

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Pintura del Museo Naval de Madrid. "La captura del Stanhope". Una de las múltiples pinturas que representa un hecho de armas poco conocido, aun cuando se trata del apresamiento de un navío por parte de una pequeña fragata. Seguramente se trata de un ataque de una pequeña división española de buques contra un convoy británico. Algunas fuentes señalan que ocurrió en 1710, otras varios años después. Incluso pudiera ser que la fragata fuera alquilada a los franceses, dada la escasez de buques de la Armada de entonces. El que el Stanhoppe fuera un buque de la Compañía de Indias, y no de la Royal Navy, no ayuda mucho a indagar, ya que en esta clase de buques es más difícil rastrearlos en los Archivos y listados. Lo que si es cierto es el valor de Blas de Lezo y de su tripulación, a bordo de una pequeña fragata, enfrentándose a un navío que le triplicaba en fuerza.

En Londres hay una calle, llamada Portobello Road, que pocos turistas dejan de visitar. Allí, durante toda la semana pero especialmente los sábados, hay infinidad de puestos donde se puede comprar desde ropa de segunda mano, hasta antigüedades, joyas y artículos de fiesta. Esa calle toma su nombre del saqueo y destrucción de Portobelo (en el actual Panamá) a manos de la escuadra del almirante Vernon, en 1739. En cambio, no hay ninguna vía pública en Madrid que conmemore la humillante derrota que sufrió ese mismo almirante, dos años más tarde y al frente de una de las mayores armadas que jamás hayan surcado los mares, ante los muros de Cartagena de Indias.

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Retrato de don Blas de Lezo

Al frente de las defensas de la ciudad, y las desproporcionadamente escasas fuerzas que la guardaban, se encontraba un marino de leyenda, el guipuzcoano Blas de Lezo y Olavarrieta (1689-1741). Ya por entonces, había perdido una pierna y un ojo y tenía un brazo inutilizado (era conocido, tanto por sus hombres como por sus adversarios, como “Patapalo” o “Mediohombre”, lo cual, al parecer, no acababa de gustarle), y lucía un currículo impresionante: en 1710, al mando de una simple fragata, había rendido a once buques ingleses, entre ellos el poderoso Stanhope, orgullo de la Royal Navy; en 1730 había conseguido, bajo amenaza de bombardeo, que la República  de Génova devolviera a España dos millones de pesos de los que se había apropiado indebidamente; había participado en la conquista de Orán, aniquilando a las escuadras berberiscas y arrasando a sangre y fuego sus bases; y había limpiado de corsarios las costas de los actuales Perú y Chile. Pero, en marzo de 1741, cuando la selva flotante de Vernon fondeó delante de las islas que protegían la bahía de Cartagena, de poco parecían valer el prestigio y la aureola del almirante Patapalo.

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Monumento a don Blas de Lezo en Cartagena de Indias (Colombia). Aunque después se recordaría la memoria de Lezo, este fue enterrado en una fosa común, por lo que su cuerpo no pudo ser enterrado en las condiciones que merecía.

El conflicto entre ambas potencias había tenido, dos años atrás, un pretexto más bien absurdo. Un contrabandista inglés, de nombre Jenkins, había perdido una oreja tras ser arrestado por un guardacostas, cuyo capitán había amenazado con hacer lo mismo a Jorge II como osara aproximarse por esas aguas. Y la opinión pública británica, convenientemente espoleada por la prensa, había empujado al gobierno de Walpole a declarar la guerra a España. Y a Vernon, convertido en un héroe nacional tras su éxito en Portobelo, se le había encomendado la misión de dar un golpe de muerte al dominio español
en América.

Ciento ochenta y seis barcos, entre navíos, fragatas, brulotes y embarcaciones de transporte. Sesenta más de los que formaban la Armada Invencible de Felipe II. Dos mil cañones. Casi treinta mil combatientes: soldados, marinos, esclavos negros armados con machetes, y reclutas de Virginia comandados por Lawrence Washington, hermano del futuro presidente de Estados Unidos. Frente a ellos, tres mil soldados y milicianos, seiscientos indios flecheros y la dotación de los seis únicos buques que defienden la ciudad. El almirante Vernon, envalentonado, manda un desafío a Blas de Lezo, al que este da esta respuesta: «Si hubiera estado yo en Portobelo, no hubiera su Merced insultado impunemente las plazas del Rey mi Señor, porque el ánimo que faltó a los de Portobelo me hubiera sobrado para contener su cobardía».
Pronto los hechos demostrarán que no es una bravata. Y da comienzo la batalla. Tras el desembarco de una avanzadilla, la escuadra inglesa cañonea, durante dieciséis días ininterrumpidos, el castillo de San Luis de Bocachica. La guarnición es escasa, tan sólo quinientos hombre comandados por el coronel des Naux. Blas de Lezo intenta socorrerlos con los cañones de cuatro barcos, pero el infierno de pólvora y plomo que Vernon desencadena sobre la fortaleza hace que los defensores finalmente tengan que retroceder.
Los españoles hunden sus seis veleros, buscando bloquear los dos canales, Bocagrande y Bocachica, que dan entrada a la bahía de Cartagena, pero lo único que consiguen es retrasar el avance inglés. Los invasores desembarcan la totalidad de sus efectivos, y la nave almirante entra en la bahía con las velas desplegadas. Sólo queda resistencia en el castillo de San Felipe, y no parece que vaya a servir de mucho. Vernon, seguro de su victoria, manda un correo a Inglaterra anunciándola. En Londres llegarán a acuñar monedas conmemorativas, con de Lezo (milagrosamente entero) hincando la rodilla ante el almirante inglés.
Pero, aún sediento, cansado y malherido, al oso todavía le quedan fuerzas para desventrar a quien intente vender su piel. Al furioso bormbardeo que ahora arrecia sobre San Felipe, Patapalo opone una tenaz resistencia, aderezada con unos toques de genio: un foso en torno al castillo que ha hecho excavar, y que hace que las escalas de los asaltantes no alcancen las almenas; una trinchera en zig-zag, también fruto de sus órdenes, que evita que los cañones enemigos se puedan acercar; y dos supuestos desertores, que suministran informaciones falsas a los confiados atacantes.
Y, cuando finalmente llega la embestida, los ingleses caen en la trampa: su avance se frena en seco ante los muros del castillo, y no pueden hacer otra cosa que mirar con cara de pasmo mientras son acribillados. Y, tras una noche dantesca, al alba observan atónitos cómo los escasos defensores, lejos de mostrar un solo signo de debilidad, incluso se atreven a cargar contra ellos. La visión de las bayonetas y los gritos de furor que las acompañan son demasiado para las ayer orgullosas huestes de Vernon, que huyen despavoridas, dejando atrás un sinnúmero de muertos, heridos y prisioneros.
El almirante inglés, incapaz de reaccionar ante una derrota con la que no contaba, mantiene a su escuadra inútilmente cañoneando la ciudad, durante treinta largos días. Pero, a la mortandad provocada por el enemigo se unen ahora la peste y el escorbuto. Pronto la bahía se puebla de cadáveres flotantes, hasta el punto de que los ingleses se verán obligados a incendiar cinco barcos por falta de tripulación.
Finalmente, Vernon tiene que ordenar la retirada, y lo que queda de su invencible armada vuelve a sus bases de Jamaica. Jorge II, fuera de sí por la ira, ordenará que no se mencione la catástrofe en los anales, y los historiadores ingleses lo secundarán como un solo hombre. Y los españoles poco harán para remediarlo.
Poco después de salvar a un imperio, fallece Blas de Lezo en un hospital de Cartagena, víctima de una enfermedad contraída durante su hazaña. Pasa sus últimos días prácticamente solo, y pocos acuden a su sepelio, por miedo a las represalias del virrey Eslava, con quien Patapalo había tenido gran cantidad de desavenencias durante el asedio.
Es enterrado en una tumba anónima, cuya localización pronto pasará a ser un misterio.
Y el olvido con el que España castiga a sus héroes hará que, más de doscientos cincuenta años más tarde, en Madrid no haya ninguna calle ni plaza que honre a este gran marino. Aunque, afortunadamente, iniciativas como la recogida de firmas promovida por la página “La guarida de Goyix” (http://www.elguaridadegoyix.com), tal vez algún día consigan que se le rinda el homenaje que merece.
En estos tiempos en que habla tanto de la memoria histórica, no estaría de más recordar a este “mediohombre” que tanto hizo por nuestro ingrato país.

Pero este olvido ha acabado tras largos años ya que Los ingenieros sacan del olvido al héroe que humilló a Inglaterra.

También los héroes tienen su corazón y el de Blas de Lezo, el «mediohombre»-le faltaba una pierna, un ojo y su mano derecha-ha sufrido la humillación del olvido pese a ser el responsable de la peor derrota sufrida por la Armada inglesa en toda su historia. Los ingenieros valencianos han reivindicado ahora su figura.

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castillo de San Felipe de Barajas, el último y principal baluarte que protegía Cartagena de Indias.

Si España no fuera «diferente» también a la hora de honrar a sus héroes o simplemente asumiera su existencia con la misma naturalidad que cualquier otro país del mundo, Blas de Lezo merecería no uno, sino cuarenta monumentos como el de Trafalgar Square, que conmemora la victoria del almirante británico Nelson sobre las armadas española y francesa en 1805.
Con solo 3.000 hombres y con mucho ingenio, Blas de Lezo rechazó en 1741 un ataque de los ingleses sobre Cartagena de Indias que estaba destinado a triunfar por la desproporción de las fuerzas y que habría cambiado la historia de América del Sur. Sin embargo y contra todo pronóstico, la defensa ideada por Blas de Lezo provocó más de 11.000 bajas a un ejército de 30.000 hombres y derrotó a una armada con 186 navíos-60 más de los que sumaba la «Armada Invencible»- solo superada por la que intervino en el desembarco de Normandía en la II Guerra Mundial. Lezo venció gracias a su capacidad para ofrecer soluciones a la medida de sus posibilidades- una cualidad que reivindican para sí los buenos ingenieros- y a su astucia.
Lezo, que moriría unos meses más tarde víctima de las heridas recibidas en la batalla se llevó con él uno de los episodios más brillantes de la historia militar de España. Ambos, el héroe y su victoria, se convirtieron en víctimas de esta especie de fatua del olvido ordenada por el rey Jorge I de Inglaterra. La historia, en este caso, no la escribieron los vencedores.» Medio hombre» pidió a los españoles que colocaran una placa para que nunca se olvidara su victoria, pero han tenido que pasar más de 260 años para que el Colegio de Ingenieros Industriales de Valencia asumiera su encargo.
La ruptura del manto de silencio que tapó durante siglos la hazaña de Lezo comenzó a fraguarse en 1992, cuando el actual decano del Colegio de Ingenieros Industriales de Valencia, Javier Rodríguez Zunzarren organizó un congreso en Cartagena de Indias, conoció la historia del almirante español.
Fernando Díaz, miembro del Colegio de Ingenieros Industriales de Valencia y una de las personas que asistió hace unos días en Cartagena de Indias a la inauguración de la placa justifica la intervención del colegio en el ingenio mostrado por Lezo. «La victoria de Lezo es un canto a la estrategia: derrotó a los ingleses al establecer una defensa escalonada que les desgastó durante 40 días, les hizo que agotaran los alimentos y les forzó a atacar por tierra, donde no eran superiores, expuestos a la humedad, al calor y las fiebres», explicó Fernando Díaz.
El Almirante ideó un sistema que multiplicaba la efectividad de sus balas de cañón, a las que soldó una cadena «que se enganchaba en el velamen y segaba los mástiles de las naves inglesas», explica el ingeniero. En un alarde de astucia dejó que unos prisioneros ingleses escaparan con información sobre la profundidad del foso del castillo de San Felipe de Barajas, el último y principal baluarte que protegía Cartagena de Indias. «Cuando comprobó que los prisioneros estaban a salvo y lejos hizo profundizar en casi dos metros el foso, de modo que cuando los ingleses llegaron con sus escalas no podían sobrepasar el perfil de la muralla y caían abatidos a cientos», añadió Fernando Díaz.
Tal como había previsto Blas de Lezo, el cólera, las enfermedades tropicales y una última descubierta de sus soldados en plena debacle británica acabaron con el asalto inglés.

Fuentes:

Silvela

Levante – emv (José Sierra)

Todo a babor , de donde están sacadas algunas de las imágenes.

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13 respuestas hasta “Blas de Lezo, el almirante «Patapalo»”

  1. Información Bitacoras.com…

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  2. Naviera Gorbea tenía un buque que se llamaba «Blas de Lezo», yo navegué en el «Bernardo de Zamacola».

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  3. La historia no tanto se niega a revelar como venció Blas de Lezo a la Corporación Británica, sino que, aún se niega a confesar verdaderamente que fue lo que venció o retardó Blas de Lezo en la historia. Pero, hoy nos podemos dar cuenta del poder supranacional de los masones y su plan de monopolización mundial; ellos, en todos estos siglos se han encargado de la dirección de la gran fábrica de mentiras ideológicas; con el fin de producir armas, guerras, guerrillas, préstamos, pobreza, mercado negro, expropiaciones, saqueos, etc… Solo para que en todo el mundo domine la razón de la Corporación Británica.
    Ellos, en Cartagena de Indias, con la segunda flota naval más grande conocida hasta ahora en la historia, pretendieron instaurar el inicio de su soberanía y lengua mundial, y a la vez, vengarse del terror de sus piratas y saqueadores; pero resultó que si no se “viengan” a Jamaica, Blas de Leso los mata a todos.
    La dirección masónica mundial preparó ese escenario de desamparo y traición en Cartagena de Indias, para adueñarse de América e humillar a Blas de Leso, pero salieron trasquilados. Décadas después, cuando vencieron a Napoleón Bonaparte, en Trafalgar y Waterloo, profundizaron el cuento de las falsas independencias americanas, para que creyéramos que en América, somos libres, y no los volviese a espantar otro Blas de Leso.
    http://www.lucasblancoacosta.com/medio-hombre.php

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    • jonkepa said

      Hola Lucas.
      Mi intención en este blog es el de reconocer la obra de ,entre otros, grandes e históricos marinos ya fueran españoles o de otro lugar sin entrar en asuntos como el que citas, salvo que algún acto llevado a cabo por masones de forma clara y no secreta por estas gentes fuera importante en asuntos náuticos.
      Para hablar de masonería y de política del tipo que sea uso otro de mis blogs, aquí si se habla de política es de refilón y sin entrar en controversias políticas.
      Te lo hubiera comentado en tu web pero no das opción a que alguien te pueda decir algo.
      Saludos.

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      • Discúlpame, no estaba enterado de tu intención, porque te lo habría respetado. Respecto a las respuestas e intervenciones en mi web; estoy por corregir eso, mi webmaster es el que postea y administra la página, eso de las intervenciones públicas está en proyecto. Nuevamente te pido disculpas.

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        • jonkepa said

          No necesitas pedirme disculpas Lucas pero veo que tu web y tus intenciones en la misma son de orden político y eso tal como lo vemos a este lado del charco debería de estar abierto a quien quisiera opinar, por supuesto que sijeto a moderación como hago con mis blogs.
          En cualquier caso gracias por tu visita que me consta no ser la primera.
          Saludos.

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  4. Guals said

    Enhorabuena por un fantástico post. Estoy recogiendo firmas para erigir un monumento a Blas de Lezo en Madrid. La acogida del Ayuntamiento ha sido muy positiva y parece que están considerando la posibilidad de hacer una cuestación popular. Cuento con Ud. para difundir la iniciativa. Un saludo.

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  5. marsatack said

    No os extrañeis si en España no se reconoce el valor, sacrificio o la lucha a ciudadano de este pais, este es un pais de desagrafecidos, cualquier pais civilizado, reconoce y entienden el sacrificio y el servicio publico que prestan sus paisanos incluso en muchos casos perdiendo sus vidas por sus objetivos, pero eso no es asi en España, aqui Policia y Guardia Civil han perdidos muchos de ellos con el terrorismo, HAN DADO SU VIDA POR SUS PAISANOS Y POR SU PAIS, pero en los 80’s como los politicos no morian a manos de Eta, cuando moria un guadia a manos de ellos, muchos españoles decian»uno menos». Posteriormente Eta decidio atacar a politicos, ….entonces Eta empezo atacar a todos. Y todos ya eran Españoles.

    Me he dejado a tras diria cientos de heroes….

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  6. […] ambos acontecimientos. Hoy se pretende contrarrestar este desconocimiento con exposiciones (Blas de Lezo o el descubrimiento del Pacífico, por citar alguna de las más destacadas) o con publicaciones a […]

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  7. […] españoles de la fragata Blas de Lezo arrestan a unos piratas en el Golfo de Aden […]

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  8. […] años de trabajo para que en España se reconociese pública y oficialmente la figura del héroe Blas de Lezo, mientras éste ya era homenajeado en Cartagena de Indias desde hacía mucho tiempo. Algo similar […]

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