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Los tesoros hundidos en la costa valenciana

Posted by jonkepa en julio 15, 2014

Desde vestigios romanos de hace 2000 años, ánforas y anclas, restos de barcos hundidos de la primera guerra mundial y un puerto de pescadores del siglo X son algunos de los yacimientos que se esconden en el fondo del mar del litoral de la Comunitat, formando un impresionante museo marino.

Ánforas romanas, pecios del siglo I dC, sillares de un puerto hoy sumergido, restos de barcos de guerra... El litoral de la Comunitat esconde yacimientos de alto valor arqueológico. La historia valenciana, bajo el Mediterráneo.

Ánforas romanas, pecios del siglo I dC, sillares de un puerto hoy sumergido, restos de barcos de guerra… El litoral de la Comunitat esconde yacimientos de alto valor arqueológico. La historia valenciana, bajo el Mediterráneo.

Con una bombona de oxígeno, unas gafas de bucear y un buen experto que oriente en el fondo del mar, cualquier persona puede descubrir muchos de los tesoros que se esconden en en las costas valencianas. Sin pagar ningún tipo de entrada, aunque, eso sí, en muchos casos con un permiso de la Guardia Civil, en el litoral de la Comunitat se pueden visitar desde vestigios romanos, barcos de la primera guerra mundial y un pequeño puerto de pescadores del siglo X. Pequeños pedazos de historia que forman parte de lo que se denomina como patrimonio arqueológico subacuático. Algunos de estos yacimientos se encuentran a muchos metros de profundidad, otros, casi al alcance de la mano. Pero todos tienen un denominador común: son la huella de generaciones pasadas que hacen de las costas valencianas uno de los mayores museos del mundo.

El último de estos hallazgos se produjo el pasado mes de junio en las playas de la localidad de Cullera. Allí apareció un cepo de ancla de época romana cerca de la desembocadura del Xúquer. Una excursión de buceadores del Club de Buceo Delfín fue la que constató la existencia de esta pieza arqueológica. De unos 110 centímetros de largo y un peso de aproximadamente 120 kilos, su estado de conservación era excelente, ya que apenas presentaba agresiones por el entorno marino.

Pero esta pieza no es la única que conforma el catálogo de obras de arte que se encuentran en el fondo del Mediterráneo. En el mismo nivel de importancia se encuentra el pecio de Bou Ferrer, aparecido en las costas de la Vila Joiosa. Este pecio, nombre con el que se denominan a los barcos hundidos cuyos restos aparecen en el fondo del mar, contenía numeros ánforas romanas. Un yacimiento de incalculable valor que ha sido el primer hallazgo de estas características que puede ser visitado por los amantes del buceo. Hace exactamente un año, submarinistas y arqueólogos comenzaron a zambullirse en estas aguas para preparar su futura exposición pública. En la actualidad, ya puede ser visitado.

tesoros-hundidos-costa-valenciana (2)--490x276Este conjunto romano corresponde al hundimiento hace más de dos mil años de un barco que perteneció a la familia imperial que reinaba en aquella época. En el año 2000, un grupo de submarinistas aficionados descubrió este importante yacimiento, razón por lo que se le bautizó con el apellido de estos intrépidos aventureros (Bou y Ferrer). Situado a una milla y media de la costa de esta localidad alicantina, es ya una excursión ineludible para los buceadores. El club Ali-Sub es uno de los encargados de organizar estas salidas a este entorno único. Un paseo por la historia a más de 50 metros de profundidad que permite bucear entre sus muy bien conservados restos, entre los que descansan los restos de cuatro buques mercantes hundidos por el submarino alemán U64 durante la Primera Guerra Mundial.

No tan profundo se encuentra el barco ‘El cacahuetero’ en Benidorm. Uno de los dueños de la empresa Diving Stones, situada en esta ciudad, Jorge Palacios, explica cómo, a tan solo ocho metros de profundidad y cercano a la pequeña isla de Benidorm se puede visitar la quilla y la estructura de este barco hundido que transportaba cachuetes. Además, alrededor de este paraje marítimo se han encontrado numerosas anclas hundidas pertenecientes a los siglos XVIII y XIX y, lo más curioso de todo, un pantalán ­pequeño puerto o muelle para pescadores- hundido a finales del siglo X.

Según cuenta Palacios, a lo largo de todo el litoral alicantino pueden encontrarse vestigios de barcos de pescadores, sin mucho valor arqueológico, pero muy curiosos para los submarinistas. Esto se debe a que, a mediados de los años 50, el capitán marítimo de Alicante permitió a los pescadores que hundieran sus naves inservibles en el fondo del mar. Una medida que, años más tarde se prohibió, aunque ha dejado en mitad del océano restos de un tipo de política que obviaba la protección del medio ambiente.

Los investigadores recogen muestras de un pecio romano del siglo I hundido frente a la antigua Lucentum. / LP

Los investigadores recogen muestras de un pecio romano del siglo I hundido frente a la antigua Lucentum. / LP

Palacios, apasionado de este deporte, asegura que este tipo de excursiones han de hacerse por expertos “sobre todo las que superan los 40 metros de profundidad”. No obstante, los más cercanos a la costa, como ‘El cacahuetero’ `puede simplemente observarse haciendo ‘snorkel’, una modalidad de buceo a a ras de agua, en la que el atleta va equipado con una máscara, un tubo y aletas.

La localidad de Sagunto es otro de los espacios donde curiosidad y arqueología se toman de la mano gracias a la aparición de los restos del pecio SS Coila. A unas cuatro millas mar adentro de Puerto de Sagunto, este barco de la primera guerra mundial se hundió en en el año 1917. No ha sido el único, ya que a lo largo de los siglos muchos han sido los navíos que no han llegado a pisar tierra valenciana y han dado con sus barcos en el fondo del océano. Pero hablar de Sagunto es, irremediablemente, referirse a la cultura romana. Por ello, destaca la importancia del conocido como ‘trencatimons’ del puerto romano, un dique construido en la época romana que se extiende a pocos metros del litoral.

Los pecios de la Albufereta de Alicante, el fondeadero de la Malvarrosa, el Apolo de Bronce hallado frente a la playa de la localidad de Pinedo en 1963 – y que se puede ver actualmente en el Museo de Prehistoria de Valencia- son sólo algunos ejemplos más de los restos arqueológicos que inundan las costas valencianas.

Todos ellos se recogen en un archivo de patrimonio arqueológico subacuático elaborado por la dirección general de Cultura de la Conselleria, ente encargado de custodiar cada descubrimiento. Un equipo de profesionales son los encargados de estudiar, tanto dentro del agua como fuera, las características de todos los hallazgos que se producen en las costas valencianas. La entidad pide, ante todo, “prudencia” a los buceadores. “Hay que evitar la tentación de extraer cualquier pieza y geolocalizar su emplazamiento” antes de avisar a las autoridades.

Como en el caso del cepo de ancla hallado en Alicante, muchas de las piezas son extraídas del entorno donde han permanecido durante siglos. El proceso de extracción es costoso y delicado, ya que, al cambiar de medio, el deterioro es mayor y mucho más rápido. Es preferible dejar estas piezas en el fondo del mar, aunque las que son sacades de entre la arena pasan por un proceso de desalinización o liofilización si son objetos de madera.

De todo ello, se encarga este grupo de trabajo. Desde hace años, son los responsables de analizar, catalogar y velar por estas piezas, la mayoría de las cuales han sido encontradas por submarinistas.

Sin embargo, muchas de las que, finalmente, pasen a estar en tierra firme, no ocuparán las vitrinas de los museos valencianos. Algunas, se quedan en el almacén para ser estudiadas.

Delito de expolio

Tipificado en el Código penal, muchas de estas joyas marinas se han enfrentado al expolio. “Existen cazadores de tesoros que comercian con este tipo de hallazgos”, confiesa Palacios, para quien ha aumentado enormemente el grado de concienciación de los submarinistas. “Es nuestra obligación avisar a las autoridades, tanto a la Guardia Civil como a la Conselleria de Cultura. Si no lo hacemos, cometeremos un delito de expolio. El artículo 324 del Código Penal español establece que es autor de de este delito “el que por imprudencia grave cause daños, en cuantía superior a 400 euros, en un archivo, registro, museo, biblioteca, centro docente, gabinete científico, institución análoga o en bienes de valor artístico, histórico, cultural, científico o monumental, así como en yacimientos arqueológicos”, con penas de multa que van desde los tres a los 18 meses. Los juristas españoles han luchado en los últimos tiempos por elevar estas penas. Hay un proyecto de ley sobre la mesa, pero aún no está concluido.

Al catedrático de Derecho Internacional de la Universitat Jaume I de Castellón, Mariano Aznar, no le gusta catalagor a estas piezas arqueológicas marinas como tesoros. “Con este término se reduce su valor a un mero precio o a un objeto con el que comerciar en el mercado”, afirma después de asegurar que lo más importante de todos estos hallazgos es su valor histórico y la información que aporta a los investigadores. “Cuándo me preguntan el valor de unas ánforas romanas halladas en el mar, siempre digo que pueden costar o 150 euros o 150 millones. Depende de la información arqueológica que aporten. Ahí radica el verdadero tesoro de estas piezas”.

El experto, además, confirma lo que las instituciones recomiendan cuando se produce algún descubrimiento marino: hay que avisar a la Guardia Civil y, sobre todo, no tocar nada de lo escondido entre arrecifes y peces. “Sólo existe una excepción por la que un submarinista puede llevarse una de estas piezas: que exista el peligro de que alguno de sus acompañantes tenga la tentación de robarla”.

No obstante, según Aznar, “no me preocupa tanto la sustracción de cualquier pieza, sino la destrucción que eso supone para el entorno, para el yacimiento, y la modificación de su entorno para un posible estudio”. Por ello, asevera, la futura ley de defensa del patrimonio cultural debe contemplar este aspecto.

Pero Aznar va un paso más allá y denuncia que lo que realmente le causa estupor es el expolio producio de manera legal. “Hay muy poca conciencia sobre el medio marino cuando se construye un parque eólico submarino, un paseo marítimo, se amplía un puerto y se dragan sus aguas, se instala un emisario submarino… acciones humanas y conscientes que destruyen el museo arqueológico más importante del mundo: el océano”.

Curiosos hallazgos

Los amantes del buceo se han erigido como los mejores cazadores de tesoros en el fondo del mar. Ellos no buscan comerciar con estas piezas en el mercado negro, aunque son conscientes de que algunos cazadores de tesoros pagan a los pescadores para que les indiquen el lugar donde se esconden estos yacimientos. Los submarinistas que forman parte de los numerosos clubes de buceos que existen en todo el litoral valenciano sólo intentan disfrutar de lo que esconde el medio marino. Además, cada cierto tiempo, organizan lo que califican como limpieza de fondos. Jorge Palacios cuenta como, cada vez, es más necesario este tipo de tareas que los buzos hacen desinteresadamente. “Pero ahora ha cambiado mucho lo que encontramos. Antes descubríamos hay cada vez más basura”. Las ánforas se han sustituido por urnas de difuntos. “La gente tira, cada vez más, este tipo de objetos al mar. Nadie se puede ni imaginar las que recogemos cuando limpiamos el fondo”.

Noelia Camacho en Las Provincias

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2 comentarios to “Los tesoros hundidos en la costa valenciana”

  1. Información Bitacoras.com

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  2. […] España no lo tienen fácil. En la actualidad hay una treintena de barcos hundidos disponibles para el buceo, casi todos por naufragios. Las empresas implicadas y algunos […]

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