Enseñanzas Náuticas

Para conocer la mar y todo lo que le rodea

Narciso Monturiol e Isaac Peral: cuando España abrió nuevo camino bajo las aguas

Posted by jonkepa en agosto 30, 2014

Réplica del submarino de madera de MonturiolDesde los albores de la humanidad, la inquietud del ser humano por conocer todas las partes más recónditas de la geografía del planeta lo han conducido a investigar áreas de la tierra de difícil acceso, y no hay que olvidar que las dos terceras partes son líquidas. El submarino es una embarcación desconocida para la gran mayoría de la gente teniendo en cuenta que es una máquina que entra y sale en el agua de manera casi mágica.

La mayoría de las embarcaciones, si excluimos los hidroalas o los hovercraft, así como los submarinos en superficie, están en situación de flotación positiva, pesando menos que el volumen equivalente de agua en base al principio de Arquímedes. Para sumergirse hidrostáticamente, esto es, sin ayuda mecánica, un buque debe ganar flotación negativa, ya sea incrementando su propio peso o reduciendo el desplazamiento de agua o el volumen de la misma. Para controlar su peso, los submarinos están equipados con tanques de lastre, que pueden llenarse con agua tomada del exterior o aire a presión a voluntad.

Para sumergirse o emerger, los submarinos usan los tanques de proa y popa o tanques principales, que se abren y llenan completamente de agua, para sumergirse, o de aire a presión, para emerger. En el proceso de inmersión, los tanques principales suelen permanecer inundados. Dichos tanques, por lo general, pueden situarse cerca del centro de gravedad del submarino o distribuirse por el sumergible para evitar ser afectados por una sorpresiva escora.

Cuentan las crónicas que Alejandro Magno, 300 años antes de nuestra era, diseñó un barril de vidrio para sumergirse en el mar durante el tiempo que durara el aire del recipiente. Este ingenio llevaba adosado un receptáculo en el que se introducía el lastre en función de las necesidades, y desde el interior el piloto de la nave se deshacía a conveniencia del mismo mientras emergía. Estas primeras referencias hacen alusión a los batiscafos o escafandras usados por Alejandro Magno, en el siglo III antes de Cristo, en la batalla de Tiro (332 a.C.) durante los primeros compases de su grandiosa odisea asiática.

Los orígenes de la inmersión

MonturiolOtras referencias de buceadores en la antigüedad las encontramos en las historias del griego Heródoto, en escritos del año 460 a.C., en los que hace mención a un famoso buzo griego llamado Scyllis y a su hija Cyana, empleados por el emperador persa Jerjes para la recuperación de una valija en un buque hundido. También Tucídides (años 460-400 a. de C.) narra la actuación de los buceadores atenienses en el sitio de Siracusa, uno de los episodios de la famosa la guerra del Peloponeso.

En las Guerras Púnicas (264-146 a.C.) ya existían rudimentarios equipos de buceo, que permitían barrenar las naves adversarias y hundirlas. Posteriormente hay un silencio sostenido en el que no existe documentación que atestigüe una evolución de este tipo de artilugios. Alrededor del año 100, también antes de Cristo, el general Romano Lucio Licinio Lúculo envió a un mensajero dentro de unos cueros de cabra desde una ciudad portuaria bloqueada con un mensaje crucial, pasando inadvertido a través de la flota enemiga.

Más de 1.500 años después, un clarividente e iluminado Leonardo da Vinci hacia el año 1490 diseñaría, en una de las incursiones a su prolífica imaginación un artefacto similar que no difería mucho del modelo del genial general y posterior emperador macedonio. Tras él, el holandés Cornelius Van Drabbel parece haber sido el primero en crear un sumergible y mantener seco su interior, lo cual parece tan obvio que no necesita mención, pero en su momento fue un logro, ya que los tripulantes de estos ingenios solían subir a superficie en pésimas y deplorables condiciones.

Allá por el año 1850, estando el puerto germano de Kiel sometido a un severo bloqueo por los daneses, un militar de origen prusiano llamado Wilhelm Bauer construyó un submarino con sus propios recursos para atacar las naves enemigas. Fue quizás el primer ingenio de esta clase con un propósito militar claro. Aún no se había inventado el torpedo como tal.

La nave construida con planchas de acero se asemejaba a una pequeña ballena. La propulsión era humana y se producía a través de la energía creada por el pedaleo que movía una hélice que desplazaba las casi dos toneladas de madera del engendro. Unos tanques de lastre facilitaban la flotabilidad y su dirección se ajustaba mediante pesos deslizantes a través de un riel central de acero.

Primeros intentos

isaac-peral-1851-1895David Bushnell, conocido en el mundo anglosajón como “el padre del submarino”, tuvo cierta influencia durante la Guerra de la Independencia Americana al construir uno con forma de tortuga que daba cabida a un solo tripulante que tenía que demostrar fehacientemente no padecer claustrofobia. El invento, después de algunos éxitos parciales en sus misiones de colocación de bombas lapa “a mano”, se daría de bruces en una de las misiones contra el casco de un paquebote cerca de Luisiana acabando su peculiar singladura en el fondo del río.

Funcionaba este sumergible con unas válvulas operadas con los pies, que permitían la entrada de agua en cantidad suficiente como para hundirse a voluntad del piloto, y por medio de dos hélices accionadas por tracción humana podía acercarse a su objetivo y lanzar una bomba de cerca de 50 kg, accionada por un mecanismo de relojería.

Veinte años después, Fulton, el inventor del barco a vapor, construiría un submarino que disponía de aire comprimido, lo que le habilitaba para permanecer sumergido más tiempo y distancia. Estos aparatos constituían la última tecnología de una ciencia, la de la ingeniería naval, que aún tenía mucho por descubrir. Pero no solo en lejanas latitudes acontecían situaciones de empuje y revelaciones científicas probadas e ilusionantes; también en España ocurrían cosas.

El primer submarino “de verdad” fue español

Narciso Monturiol, a pesar de sus manifiestas carencias en formación científica, logró en 1859 sumergir un prototipo a 18 metros de profundidad durante más de dos horas. Sin embargo, sus tentativas de que el gobierno financiara su invento se dieron de bruces una y otra vez porque según los prebostes aquello “no tenía ninguna utilidad práctica”. Pero este testarudo e ingenioso inventor catalán no arrojaría la toalla y pediría a través de una cuestación particular ayuda al mundo del arte de la Ciudad Condal movilizando a la ciudadanía hasta conseguir la financiación necesaria.

Un lustro después, el Ictíneo, el primer submarino digno de tal nombre, y sin duda el más avanzado de su época por su revolucionario sistema anaeróbico para eliminar el dióxido de carbono y reponer el oxígeno en el interior, surcaría las aguas próximas al puerto de Barcelona.

Tras un sinfín de decepciones por las muchas promesas incumplidas por parte de la administración estatal, allá por el año 1885, arruinado y olvidado, su cuerpo iría a parar donde todos somos más homogéneos que nunca. El Cementerio del Este de Barcelona albergaría a este revolucionario intelectual e inventor de pro en su postrer viaje hacia la eternidad. Actualmente sus restos descansan en el panteón de hombres ilustres del cementerio de Figueras, en el que nunca faltan flores.

Otra hazaña, el primer submarino con torpedos

Diez años después, cuando corría la primavera del año 1895, otro grande de España, habitante del sector de los españoles hechos a sí mismos, un tal Isaac Peral dejaría su postrera huella en Berlín. Tras ser operado de cáncer, una mala praxis en las curas le produce una meningitis que acaba con su vida.

Algunos años antes, el 8 de septiembre de 1888, el submarino torpedero de Isaac Peral había sido botado en la bahía de Cádiz, gracias al enorme compromiso y apoyo de la reina regente María Cristina, y tras sufrir todo tipo de sospechosas zancadillas y boicoteos de diferente índole hoy todavía sin aclarar. El buque medía 22 metros de eslora, y desplazaba 77 tn en superficie y 85 tn en inmersión. La propulsión la proporcionaban dos motores eléctricos de 30 caballos cada uno. Un tubo lanzatorpedos con tres torpedos en stand by y uno incorporado al tubo era todo el armamento que integraba la nave. El periscopio permitía al submarino navegar en inmersión a una cota de profundidad al arbitrio de su comandante.

El inventor había propuesto una prueba –en aquel tiempo muy osada–, para atravesar el estrecho de Gibraltar desde Algeciras hasta Ceuta, prueba que le fue denegada. A pesar de lo cual, demostró que podía navegar en inmersión a voluntad con rumbo y cota predeterminados en mar abierto. Podía atacar a cualquier buque de superficie pasando absolutamente desapercibido. La Comisión Técnica nombrada a tal efecto avaló el éxito de las pruebas del primer submarino de la historia.

Una copia de este submarino se encuentra en el Museo Naval de Cartagena y nuestra Armada a lo largo de su historia reciente, ha honrado la memoria de este adelantado poniendo a varias de sus naves el nombre de este ilustre español, grande donde los haya.

España, un país en el que Dios llora cuando llueve.

Es un trabajo de Álvaro Van den Brule para El Confidencial

 

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2 comentarios to “Narciso Monturiol e Isaac Peral: cuando España abrió nuevo camino bajo las aguas”

  1. Información Bitacoras.com

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  2. uau!!! buen reportaje!!!

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