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La batalla de Salamina

Posted by jonkepa en mayo 11, 2009

trirremeLa batalla de Salamina
Es el mayor combate naval de la historia por número de barcos, unos 1.100 se dieron cita en este importante enfrentamiento entre oriente y occidente que marcaría el curso de la historia.

Una lluvia de flechas terminaba con los últimos griegos que resistían heroicamente en el  paso de las Termópilas, al norte de Grecia. El propio Leónidas, rey de los espartanos, yacía sin vida en una tierra ensangrentada tras varios días de masacre. Era finales de agosto de 480 a.C. y  Jerjes, rey de los persas, por fin conseguía doblegar a los osados europeos gracias a la traición de un griego, llamado Esfialtes,  que le rebeló una ruta para rodear el paso y caer sobre la retaguardia griega. La batalla de Las Termópilas, aunque ganada por los persas, puso de manifiesto que los griegos lucharían hasta el final por su libertad y que jamás se doblegarían ante el invasor asiático; Jerjes debería  pagar un alto precio en número de vidas. Tan sólo en tres días de batalla, unos 8.000 hoplitas (infantería pesada griega), habían causado más de 20.000 bajas en las fuerzas persas antes de caer abatidos. La conquista de Grecia no sería nada fácil.

Batalla de Salamina

Batalla de Salamina

Durante esos días de finales de agosto, a unos 70 Km. de distancia del paso de Las Termópilas, se estaba desarrollando otra batalla en aguas del cabo Artemisio. El enorme contingente de tropas que había reunido el persa superaba los 200.000 hombres y contaba con más de 1.300 embarcaciones de diversos tipos. Ésta poderosa armada estaba compuesta por naves procedentes de las naciones bajo dominio persa, siendo el contingente fenicio el que aportaba mayor número. Las naves fenicias eran también las más cualificadas y constituían la columna vertebral  de la armada persa junto con las egipcias y los trirremes griegos procedentes de ciudades helenas controladas por Persia. La armada griega era mucho menos numerosa, no llegaba a las 400 naves, de las cuales más de la mitad eran atenienses. Pero la diferencia podía haber sido mayor si, años antes, Temístocles no hubiera convencido a sus paisanos atenienses de la necesidad de poseer una gran flota. A la edad de 45 años, Temístocles, era un soldado experimentado y “Estratego” ateniense. Con su elocuente oratoria consiguió que su pueblo invirtiese los beneficios obtenidos por la explotación de una recién descubierta mina de plata en la construcción de trirremes; en lugar de repartirse el dinero entre sus habitantes como tenían previsto.

Las polis griegas se habían reunido esa primavera de 480 a.C. en el istmo de Corinto. Allí habían decidido dejar a un lado sus diferencias y unirse contra el enemigo común. De éste modo crearon la “Liga Helénica”, formada por 31 ciudades-estado, cuyo mando fue entregado a los espartanos, siendo Euribiades el almirante de la flota. Pero estaba claro que con una representación de naves tan importante, (más de la mitad de los trirremes), los atenienses, y en concreto Temístocles, como comandante del contingente de la ciudad, tendrían un peso decisivo en la Liga.

trirreme_griega1El trirreme era la embarcación más avanzada de la época,  medía 40 m de eslora y unos 7 de manga, estaba construida de madera y poseía un gran espolón en su proa recubierto de bronce. Los trirremes estaban provistos de velamen, pero en combate únicamente se utilizaba la fuerza de los remeros que se situaban en tres filas (de ahí su nombre), sumando un total de 170 bogadores. La tripulación se completaba con una decena de infantes de marina, entre 4 y 6 arqueros, el capitán,  el contramaestre, el jefe de boga, el timonel, el carpintero y los oficiales; en total unos 200 hombres. El timonel, llamado piloto, era el tripulante más importante del barco; de su pericia dependía el éxito o el fracaso en el combate, ya que su misión era dirigir la embarcación a toda velocidad contra el flanco o la popa del barco enemigo para, con el espolón, abrir un boquete en su casco. Acto seguido debía maniobrar para evitar quedar enganchado en la nave rival. El trirreme era una nave veloz, alcanzaba los 10 nudos a plena boga, esto unido a la pericia de los pilotos para cargar contra embarcaciones enemigas, hacían de ella un arma temible. Los trirremes fenicios eran poco más largos que los griegos, aunque más ligeros y maniobrables, y su tripulación total era de 230 hombres entre remeros, oficiales , infantería de marina y arqueros, siendo la dotación de infantes y arqueros de unos 40.

Los persas habían llegado a Grecia por tierra y por mar. Por tierra pasaron de Asia a Europa cruzando el estrecho de Dardanelos sobre un puente de embarcaciones de más de kilómetro y medio avanzando por Europa hasta el paso de Las Termópilas donde se toparon con Leónidas y los suyos. Mientras tanto en cabo Artemisio, en el extremo norte de la isla de Eubea, los griegos habían situado su armada en una posición cercana al paso para evitar que éste fuera rodeado por mar. La armada persa se dirigió hacia allí; pero una terrible tempestad, que duró tres días, redujo el número de barcos persas de más de 1.300 a unos 900, aún así los asiáticos seguían siendo muy superiores numéricamente, máxime cuando parte de la flota griega se encontraba evacuando la población del Ática (Atenas y alrededores) ante la más que previsible llegada de los persas. Así que los griegos sólo contaban con unas 270 naves en cabo Artemisio. La armada persa se dividió en dos, unas 200 naves trataban de rodear la isla de Eubea, mientras que el resto de la flota avanzaba directamente hacia los griegos, pero éstos, informados de las intenciones del enemigo, decidieron enfrentarse al grueso de la armada persa, es decir, unos 270 barcos contra 700.

Los griegos tras realizar los sacrificios de rigor y entonar el pean (canto de guerra), se hicieron a la mar comandados por Temístocles. Los persas, sabiéndose superiores trataron de rodear a la flota griega en el canal que separa la isla del continente, mientras los 200 barcos que la circunnavegaban llegarían para caer por retaguardia sobre los griegos que lograsen huir. Pero Temístocles formó un “anillo defensivo” con sus naves que resultó impenetrable para los persas, éstos perdieron la formación y fueron atacados por una sección de trirremes atenienses, entre los que se encontraba el comandado por Licomedes, que fue el primer griego en apresar una nave enemiga. En total 30 barcos persas fueron capturados, la maniobra de Temístocles había sido un éxito. Pero la desgracia persa se agravó al conocerse la noticia de la pérdida de los 200 barcos que rodeaban Eubea a consecuencia de una tempestad. Al día siguiente, mientras se libraba el último día de batalla en las Termópilas, tuvo lugar otro enfrentamiento en Artemisio que duró hasta la noche, aunque sin tener un claro ganador, los persas volvieron a sufrir un buen número de bajas. Entonces llegaron noticias de Las Termópilas, la muerte de Leonidas y de cuantos le acompañaban. La flota griega debía regresar a Atenas para terminar la evacuación de su gente, antes de que llegasen los persas, a los que ya nada les detendría en su camino hacia el Ática. Pero Temístocles, antes de marchar, ordenó dejar mensajes escritos dirigidos a los griegos que militaban en las filas persas. Estos carteles que fueron colocados en lugares por donde pasarían las tropas persas rezaban así: “Varones jonios, no obráis bien en hacer la guerra a vuestros mayores, ni en reducir la Grecia a servidumbre. La razón quiere que os pongáis de nuestra parte. Y si no podéis hacerlo así, al menos retiraros de la armada que nos persigue”. Estos mensajes, calculó Temístocles, aunque no lograsen la deserción de los jonios, sí provocaría la desconfianza de los persas hacia los griegos que se encontraban en sus filas.¡Propaganda subversiva!

 Los griegos eran hombres muy religiosos, su creencia en los oráculos, principalmente el de Delfos, era indiscutible. Los atenienses habían enviado una delegación al santuario más importante de Grecia para conocer la opinión de los dioses sobre lo que se les avecinaba, pero éste, seguramente pagado por los persas les dijo que dejaran sus casas y huyeran de Grecia. No conformes, lógicamente, con el vaticinio; los griegos preguntaron de nuevo, obteniendo esta vez un alo de esperanza: “ Un muro de madera nunca tomado, servirá de asilo para ti y tu descendencia”. Una vez que los enviados llegaron a Atenas y contaron lo que la pitia (sacerdotisa que comunica el oráculo) les había dicho, comenzaron las interpretaciones; unos creían que el muro de madera era una barricada que debía levantarse alrededor de la acrópolis, otros decían que el muro era la propia acrópolis;  pero Temístocles señaló hábilmente que el muro de madera hacía referencia a la armada griega y que ésta debía parar el avance enemigo.

Las Termópilas y el movimiento de tropas de toda la campaña.

Las Termópilas y el movimiento de tropas de toda la campaña.

La evacuación de la población del Ática llevaba meses realizándose y con la llegada de la flota de Artemisio pudo concluirse a tiempo. Fue ésta una de las mayores retiradas estratégicas de la historia, los niños y las mujeres fueron llevados a Trecena y Egina, y los varones en edad de luchar a Salamina, una isla cercana bajo dominio ateniense desde la que podía verse la acrópolis. Pero el ejército griego, al mando de Esparta se había reunido en el istmo de Corinto y comenzado la construcción de una muralla, allí en una zona angosta  pensaban  resistir el asalto persa. Atenas quedaba de éste modo abandonada a su suerte.

salaminaSalamina, una isla cuya población no excedía de unos 10.000 habitantes, se encontraba ahora sobrepoblada con más de 150.000 personas. Temístocles había dispuesto que se reuniese allí la flota griega después de la batalla del cabo Artemisio, aunque ningún marino consideraba la posibilidad de un enfrentamiento naval en esas aguas. Salamina era simplemente el lugar donde se reunió la armada griega antes de dar el siguiente paso. Euribiades, el jefe de la flota, convocó una reunión el 23 de septiembre de ese 480 a.C. a la que asistieron todos los almirantes griegos, entre los cuales la opinión más difundida era la de retirarse al istmo de Corinto donde se hallaba la infantería y ofrecer allí resistencia; pero esta decisión dejaba Atenas a merced de los persas y Temístocles no podía consentirlo. El ateniense quería que se luchase allí mismo, donde las estrechas aguas del canal que separaba el Ática de Salamina favorecían a sus trirremes, sólo así podría recuperar su ciudad de manos de los persas.

Temistocles

Temistocles

Además Temístocles sabía que si la flota se separaba, ya nunca volvería a unirse, pues cada ciudad trataría de llegar a acuerdos con los iranios  por su cuenta. De hecho regiones griegas como Macedonia, Tesalia y Beocia ya se habían pasado al bando persa. Así las cosas, la situación de los griegos en Salamina se complicaba por momentos, su desunión  se hacía cada vez más patente y algunos almirantes estaban dispuestos a embarcar y abandonar  la isla. Fue entonces cuando Temístocles tuvo que dar un golpe en la mesa dejando claro  que si la flota se retiraba de la isla los atenienses emigrarían a la Magna Grecia (sur de Italia) para fundar allí una nueva ciudad y por supuesto retirarían todos sus trirremes de la armada griega. El órdago lanzado por Temístocles dio resultado, ya que si los atenienses retiraban sus naves, la flota helénica se vería reducida a menos de la mitad y la posibilidad de una victoria sobre los persas se esfumaría. Temístocles había intentado convencerles de la “oportunidad” que se les presentaba si luchaban en las estrechas aguas del canal, ya que la superioridad numérica de los persas quedaría anulada, pero Esparta y las ciudades del Peloponeso querían hacer frente a los persas en el istmo de Corinto ya que ésta era una posición ventajosa para defender sus ciudades. Por su parte el resto de las polis ya pensaban en llegar a acuerdos bilaterales con Jerjes. El ateniense decidió entonces dar un paso más, la situación lo requería, su ciudad se encontraba tomada por los persas y la acrópolis y los templos en llamas. Como sus aliados eran totalmente reacios a entablar una batalla naval en esas aguas y algunas ciudades se preparaban ya para abandonar Salamina, decidió forzar la situación. Al caer la noche llamó a Sicinno, su esclavo y hombre de confianza además de “paidagogos” de sus hijos, encomendándole una difícil misión: Llevar al rey persa un mensaje en el que Sicinno expondría a Jerjes la desunión de los griegos y como pretendían huir de Salamina, cosas ciertas; pero añadiría algo más, algo totalmente falso: ¡el propio Temístocles estaba dispuesto con todo su contingente de trirremes a pasarse al bando persa! El plan era esperar el  ataque de la flota asiática, para en ese momento desertar y  unirse a ellos. Sicinno partió de la isla ya entrada la noche rumbo al Ática, una vez allí contó su patraña. Aunque no sabemos si se entrevistó con el rey en persona, lo cierto es que la noticia fue recibida por Jerjes con júbilo, era precisamente el tipo de historia que el persa deseaba escuchar y por otra parte ya se había valido de otros traidores griegos con anterioridad., así que todo le pareció bastante normal, estos helenos siempre dispuestos a traicionarse entre sí y él apunto de conquistar Grecia. Acordó entonces con él la supuesta traición y Sicinno regresó a Salamina.

 La flota persa estaba atracada en la bahía de Falero, cerca de Atenas. Sus efectivos rondaban los 150.000 hombres y tras dar la orden Jerjes, comenzó a movilizarse. De las más de 1.300 naves que poseían al comienzo de la campaña sólo quedaban en torno a 700, aun así, una cifra muy superior a las 368 naves griegas. Al caer la noche del 24 de septiembre la flota persa se encontraba ya bloqueando el estrecho y un destacamento de infantería había desembarcado en el islote de Psitalea situado en la boca del canal y considerado posición estratégica, ya que muchos de los náufragos que se produjeran en batalla llegarían al islote, pudiendo ser socorridos o asesinados según el bando. Arístides, un importante ciudadano ateniense que efectuaba labores de intendencia, regresaba de una isla cercana cuando se topó con la inmensa flota persa. Con gran esfuerzo, consiguió poner a salvo su trirreme y llegar a Salamina, donde dio la noticia a los griegos. Ya no existía alternativa, la Liga Helénica no tenía otra opción que luchar en el estrecho, la artimaña de Temístocles había resultado.

 Sobre las 3 o las 4 de la madrugada los 60.000 griegos que componían la dotación de la armada comenzaron a embarcar. Al alba la flota estaba lista para la batalla. Los persas por su parte habían pasado toda la noche en los barcos, con sus remeros manteniendo la posición de bloqueo en el estrecho, así que tenían que encontrarse cansados y hambrientos. Los fenicios se habían situado en el ala derecha, al norte del islote de Psitalea, los jonios en el centro y el resto de aliados persas en la izquierda. Además Jerjes reservó un número elevado de barcos que permanecerían en una posición más retrasada mientras él observaba la escena desde lo alto de un monte cerca de la orilla. Los persas, que al amanecer esperaban ver una flota desperdigada iniciando la huida, recibieron por contra, una embestida de trirremes que se acercaban remando al compás del sonido de los silbatos que marcaban el ritmo a los bogadores. Los atenienses se habían situado en el flanco izquierdo, junto a ellos los eginetas, a continuación los demás griegos y por último en flanco derecho los trirremes espartanos. Aminias Paleneo, capitán ateniense, fue el primero en embestir a una nave fenicia, seguidamente comenzaron a entrar en combate el resto de los barcos formando un gran estruendo. Los trirremes fenicios trataron de rodear a los atenienses, pero éstos protegidos por una segunda línea en retaguardia impidieron que el enemigo los envolviera. Por otra parte, como Temístocles había planeado, la estrechez del canal impedía a los ágiles trirremes fenicios maniobrar, siendo clara la ventaja  para las pesadas naves griegas que empezaron a romper la formación persa. Además la brisa del canal comenzó a soplar también en el momento previsto por el ateniense, llevando de costado a los barcos persas que eran embestidos por los espolones de los trirremes griegos. En cuestión de horas los fenicios se habían disgregado y huían. ¡Los atenienses habían roto el flanco derecho persa! Pero en la zona central y el flanco izquierdo los griegos que combatían del lado iranio se mantenían aún en posición. Hacia el mediodía la batalla se había convertido en un caos absoluto, las naves persas de primera línea que huían se encontraron de frente con el contingente de refuerzo que nada sabía de lo que estaba ocurriendo en el frente. Sus naves comenzaron a chocar entre sí y muchos persas murieron ahogados, pues la mayoría no sabía nadar. Al atardecer, las naves persas se amontonaban en la entrada del estrecho ante el empuje ateniense, mientras los eginetas se dedicaban a emboscar las naves que se dirigían al sur, la batalla estaba decidida.

 Un destacamento de infantería ateniense desembarcó en Psitalea masacrando a los persas allí destacados y posteriormente a todo náufrago asiático que consiguiese arribar al islote. Las últimas horas del combate fueron una competición entre las distintas ciudades griegas para ver quien se llevaba los mayores honores logrando hundir el mayor número de barcos. Jerjes, desde su trono en lo alto de la colina, contemplaba el deprimente espectáculo de los barcos persas huyendo hacia Falero  perseguidos por los trirremes griegos. Tras todo un día de batalla la Liga Helénica tan sólo había perdido 40 barcos, en cambio más de 200 naves persas habían sido hundidas. Atenienses y eginetas lograron las mayores hazañas. Los asiáticos, que al amanecer de ese día 25 de septiembre esperaban perseguir a grupos de barcos griegos huyendo, se habían encontrado con toda una flota lista para el combate. La estrechez del canal impidió maniobrar a sus naves y la superioridad numérica que poseían se volvió en su contra ya que los barcos que huían se encontraban con los de refuerzo colisionando entre sí. Tras la debacle Jerjes y el grueso del ejército regresaron a Asia. Ya no disponía de una flota capaz de avituallar al gigantesco contingente de tropas, además los puentes sobre el Helesponto, en el estrecho de Dardalelos, corrían ahora peligro. En Grecia se quedó sin embargo un nutrido grupo de tropas escogidas al mando de Mardonio, cuñado de Jerjes. Pasaron el invierno en las regiones de Tesalia y Beocia que habían acogido la causa persa. En primavera volvieron a arrasar el Ática y saquearon Atenas nuevamente, pero fueron derrotados finalmente por la coalición griega al mando de Pausanias cerca de la ciudad de Platea. Por fin los Atenienses podían volver tranquilos a sus casas o a lo que quedara de ellas. Temístocles gozó de gran popularidad y fue aclamado en los juegos olímpicos de aquel año, pero con el paso del tiempo, los atenienses olvidaron cuanto había hecho por su ciudad y por toda Grecia y lo condenaron al ostracismo. Desterrado, Temístocles buscó asilo en el reino de su otrora máximo enemigo. El nuevo monarca, Artajerjes,  le dio el gobierno de la ciudad de Magnesia donde murió en 459 a.C. Los tiempos habían cambiado gracias a él y Atenas era ya una potencia de primer orden.

Escenario de la batalla de Salamina y posición de las flotas.

Fuente: Panzerzug,

Taringa ( algunas imágenes)



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2 comentarios to “La batalla de Salamina”

  1. Información Bitacoras.com…

    Valora en Bitacoras.com: La batalla de Salamina Es el mayor combate naval de la historia por número de barcos, unos 1.100 se dieron cita en este importante enfrentamiento entre oriente y occidente que marcaría el curso de la historia. Una lluvia de f…..

  2. RELEER ESTA HISTORIA, PARA LOS TIEMPOS QUE VIVIMOS, ES COMO LAVARSE UN POCO EL CEREBRO,Y PENSAR QUE LOS QUE MAS AMABAN ESOS HOMBRES ERA SU PATRIA,SU TIERRA Y SU VALENTIA Y EL HONOR DE SER GRIEGO,ESPARTANO,PERSA. HOY NADA VALE.LOS SIMBOLOS PATRIOS, PARA QUÉ. LA NACION..UNA ENTELEQUIA SIN SENTIDO. EL ANARQUISMO, SÍ. LA RAMPLONERIA E IGNORANCIA TAMBIÉN. COMO EN EL TANGO…HOY DA LO MISMO SER UN BURRO QUE UN GRAN PROFESOR.

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